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LA MÚSICA CRISTIANA CONTEMPORÁNEA – Theo Magazine en Español

LA MÚSICA CRISTIANA CONTEMPORÁNEA

Por Andrés A. Fulcar (PhD cand.)

INTRODUCCIÓN

Un tema de mucha controversia y discusiones en la iglesia cristiana evangélica en los últimos 50 años gira en torno al tipo de música que debe usarse para la alabanza y adoración corporativa. Por muchos años, desde los días de la Reforma, y como herencia de los siglos de predominio católico durante la Edad Media, la iglesia ha basado su régimen de adoración en el cantar de himnos y cánticos espirituales, los cuales, unidos a salmos extraídos directamente de este himnario nacional judío del Antiguo Testamento, han sido la norma y costumbre para la expresión musical y vocal en alabanza al Dios de gloria, tanto en Europa, en Norteamérica, como en las regiones a donde el evangelio ha llegado con posterioridad.

Pero en estas últimas cinco décadas, se ha introducido en las iglesias, comenzando en los Estados Unidos de América y Canadá, y extendiéndose a los demás países de Centro y Suramérica, Asia y África, la tendencia a introducir ritmos, melodías y tonalidades populares, con líricas cristianas, que han ido desplazando poco a poco aquellos himnos tradicionales cantados múltiples de veces. Esta tendencia a tomar las expresiones musicales populares, y que tienen mayor arraigo en la población, especialmente entre la juventud, con fines que expondremos a continuación, para incorporarlas a la adoración corporal, pasando previamente por la aceptación para disfrute particular, ha provocado más de una disputa y discusión, especialmente tratando sus defensores de demostrar legitimidad y aprobación bíblica para su usanza, y sus opositores presentando argumentos igualmente bíblicos para probar la desaprobación de aceptarla como medio o parte de la alabanza y la adoración del pueblo de Dios.

Para denominar este fenómeno que se ha estado desarrollando dentro de las iglesias cristianas, se ha acuñado el término Música Cristiana Contemporánea (CCM por sus siglas en inglés). Con esta denominación, se busca diferenciar los estilos musicales y vocales tradicionales, basados fundamentalmente en el cantar de himnos y en el uso de instrumentos musicales “sobrios”, especialmente órganos, con nuevos estilos que toman características musicales y vocales del secularismo y de expresiones populares. Esto último no es nuevo, pues se admite que mucha de la música usada a partir de la Reforma provino de tonalidades que la población usaba para expresar sus liricas de corte nacional, citadino o pueblerino.

El problema actual del estilo de música y canciones que tipifican el movimiento de la música cristiana contemporánea está en tomar características de la música popular que está asociada con elementos de carnalidad, idolatría, sensualidad y depravación, y llevarla al seno de la adoración congregacional con propósitos aparentemente piadosos, pero que distan mucho de representar el verdadero propósito del canto y de la música como parte del llamado y deber del pueblo de Dios de rendirle culto y adoración conforme a Sus instrucciones y voluntad expresados en Su Palabra.

En el presente ensayo, se va a explorar sucintamente (por razón de limitación de espacio) el origen de la música cristiana contemporánea, la definición y características de este movimiento, los argumentos que presentan sus adherentes en defensa del mismo con los argumentos bíblicos que se les contraponen, los peligros de este movimiento para la cristiandad en general, y algunas ideas como conclusión.

ORIGEN DE LA MÚSICA CRISTIANA CONTEMPORANEA

Desde la mitad del siglo XIX las tradiciones evangélicas y evangelísticas han enfatizado la presentación de la música por solistas y grupos pequeños. Un siglo más adelante, el mundo de la música cristiana recibió nuevo impulso por la introducción de avanzados métodos de grabación, la introducción de estilos de música evangélica “pop” y folclórica, y la creciente participación de la música cristiana en la industria del espectáculo.[1]

En la década de 1960, en Estados Unidos y otros países se dio un nuevo énfasis en la “celebración” de la adoración, cuando se dio que los laicos tomaron mayor participación en la adoración, desarrollándose un estilo contemporáneo de adoración que podría llamarse “nuevo pietismo”, por el énfasis en la experiencia, o también “nuevo hedonismo de adoración”, por la insistencia en una experiencia placentera.

Varias influencias que contribuyeron a las tendencias resultantes incluyen la filosofía/teología existencialista (con su énfasis en la experiencia de “ahora”), una teología secular (con una disminución de las palabras como símbolos para la comunicación), una teología relacional (dando importancia a las relaciones humanas tanto dentro como fuera de la iglesia), el triunfo del ecumenismo (se iban perdiendo las identidades denominacionales), y el consumismo (la creación de una cultura que solo reconoce el derecho personal de escoger).[2]

En la última década de 1970, muchas iglesias tenían programas donde se invitaban a individuos o grupos para que “ministraran” a sus feligreses y atrajeran personas a la iglesia. Como resultado, tanto la industria de grabaciones como la de publicaciones prosperaron. Para la década de 1980 el interés en que la iglesia local patrocinara los conciertos que daban las “estrellas” había decaído, por los grandes gastos involucrados, y estos grandes nombres se mudaron a auditorios más grandes, por lo cual las iglesias se conformaron con invitar personajes menos conocidos y a la vez atractivos.

Mientras tanto, las nuevas formas de música y nuevos estilos de grabaciones continuaron surgiendo casi tan rápidamente como en la música secular, incluyendo varias combinaciones y mutaciones de country, pop, música sagrada, rock, metal, “alternativa”, “cristiana contemporánea” y “rap cristiano”.[3]

Estas nuevas formas de música y estilos de adoración nacen en una época muy peculiar de finales de segunda mitad del pasado siglo, caracterizado por algunas realidades culturales, que compiten por dominar la sociedad de hoy, teniendo especial importancia para la vida eclesiástica. Estas realidades culturales que dominan la conciencia individual y colectiva de nuestros días son: (1) Una era de individualismo y narcisismo. (2) Esta es la era del consumismo. (3) La era electrónica (la televisión, los videos y los sistemas de sonido de alta potencia). (4) La música popular en los últimos treinta años del siglo XX se ha vuelto más y más primitiva (con la música rock como un símbolo de protesta y rebelión). (5) Esta es una era de hambre espiritual (cuya satisfacción se espera que pueda realizarse en algún tipo de experiencia memorable).[4]

Concomitante con las realidades culturales globales, la condición de la iglesia cristiana de fines del siglo XX e inicios del XXI, presenta sus propias realidades, que un autor define como ya no predicando el evangelio de “Cristo contra la cultura” sino demostrando por sus prioridades que cree en el “Cristo de la cultura”. Estas son las realidades que prevalecen hoy en la “condición de la iglesia”: (a) Un declive en la fuerza de las denominaciones tradicionales principales, tanto litúrgicas como no litúrgicas. (b) Algún crecimiento aparente en la fuerza de los grupos fundamentalistas que históricamente han practicado el culto evangelístico. (c) Crecimiento continuo en las iglesias tradicionales pentecostales y en las iglesias que están aliadas en el movimiento de renovación carismática. (d) El nacimiento del movimiento de “crecimiento de la iglesia”, con su énfasis en estilos de adoración diseñados para atraer a la gente a la iglesia. (e) El desarrollo de nuevas formas creativas de adoración más emotivas, con mayor dependencia en las experiencias musicales. (f) El crecimiento de la influencia del “movimiento evangelístico”, con la superiglesia reemplazando la autoridad de las denominaciones tradicionales y fomentando un nuevo ecumenismo.[5]

Con la introducción de los nuevos estilos musicales folclóricos, de soul, pop y rock dentro de la música evangelística, comenzando en las décadas de 1960 y 1970, la composición y publicación de música para solistas y conjuntos pequeños (bandas) han florecido. Cuarenta años después, la música cristiana contemporánea se ha convertido en un meganegocio que mueve millones de dólares, que incluye la publicación de revistas que representan cada uno de los varios estilos: pop, rock, alternativa, metal y rap.[6] Existe suficiente evidencia en las páginas de tales revistas y también en los conciertos actuales de los ejecutantes de tales estilos de música cristiana, para indicar que muchos de los músicos que se presentan todavía no son creyentes maduros, y en muchos, ni siquiera salvos. En sus conciertos, muchos de ellos predican una extraña teología casera que sus aficionados toman como “el evangelio”.[7]

DEFINICIÓN DE MÚSICA CRISTIANA CONTEMPORÁNEA Y DIFERENCIAS CON MÚSICA TRADICIONAL

Antes que todo, se debe definir lo que es la música cristiana. Es aquella música en la cual el texto, la música, los ejecutantes (instrumentistas y cantantes) y las prácticas de ejecución se conforman a la imagen de Cristo. Esta conformación no es realmente el trabajo del creyente, sino el resultado de la transformación que el Espíritu Santo opera en el creyente. En cuanto a la música como arte, no es el valor de un hombre lo que da credibilidad en la economía divina, sino que es el valor de la creación de Dios y el grado al cual nos sometemos a seguir Sus principios y ejemplo lo que lo da.[8]

Esto nos lleva al tema que nos ocupa, la música cristiana contemporánea. Esta se define como la música que ha adoptado ciertos sectores de la cristiandad moderna para promover y usar dentro de las iglesias estilos musicales seculares tales como rock suave, pop/rock, rock clásico o de fácil escuchar, pero también puede incluir otras formas de música pesadamente sincopada con influencias del rock, tales como jazz, rap, blues, hip-hop, reggae, punk, música country y “western” modernas. A estos estilos típicos de Norteamérica y Europa, podemos añadir estilos musicales netamente latinoamericanos, tales como el merengue, la salsa, la cumbia, el reggeton, la bachata, el “dembow”, la música urbana, el vallenato, el tango, entre otros. El movimiento que auspicia y respalda este tipo de música dentro de las iglesias, se denomina movimiento de Alabanza y Adoración (P&W, siglas en ingles de Praise and Worship).[9]

Este movimiento es contrastado y opuesto por los tradicionalistas, que son cristianos que prefieren música conservadora y tradicional en los servicios de las iglesias. Por conservadora se quiere decir que la música es generalmente considerada ser segura y no controversial. En esta definición se incluyen himnos, canciones tradicionales y aquella música contemporánea que no usa rock u otros estilos musicales contemporáneos que enfatizan sensualidad. Lamentablemente, el término ‘tradicional’ se ha vuelto una etiqueta despectiva usada en ciertos círculos de la música cristiana contemporánea para referirse a los adherentes a los estilos tradicionalistas.[10]

Una comparación entre ambos enfoques sirve de marco para comenzar a entender lo que está sucediendo desde hace años en torno a la música para adoración dentro de las iglesias. La principal diferencia estriba en los objetivos, que difieren dramáticamente, como ilustra el siguiente cuadro.[11]

CRISTIANDAD EN GENERAL

Hay dos pensamientos principales que guían a los compositores y ejecutantes de la música cristiana contemporánea. El primero es que la música (las notas propiamente) son neutrales, ni buenas ni malas. Se asume que la única música mala es la que promueve malas cosas (liricas), es ejecutada por mala gente (los grupos o bandas de rock secular) y es presentada en malos lugares (bares, lugares de baile, conciertos populares). Si nosotros como cristianos podemos tomar tal tipo de música y cantar sobre cosas buenas (Dios y Su amor), hacer que la ejecuten buenas personas (cristianos), y que se interprete en buenos lugares (la iglesia, reuniones de jóvenes, retiros espirituales), entonces podemos usar esa música para servir al Señor. La conclusión de este razonamiento es que cualquier música es aceptable para comunicar la Palabra de Dios.[12]

El segundo pensamiento rector del movimiento de la música cristiana contemporánea es que la música es primariamente un instrumento para el evangelismo. Como la música rock o popular es el lenguaje de la cultura de hoy, como los proponentes de este movimiento alegan, necesitamos extendernos hacia los perdidos en un lenguaje que la cultura actual pueda entender.[13]

Adicionalmente, hay dos expresiones típicas que usan los adherentes a este movimiento para justificar sus proposiciones. La primera reza que “podemos usar cualquier estilo de música contemporánea en nuestros servicios de adoración y alabanza, y Dios lo aceptará”. Esta sentencia resume la filosofía del movimiento de adoración y alabanza contemporánea (P & W, por sus siglas en inglés). Los seguidores del mismo etiquetan como “legalista” cualquier norma y regulación que intenten limitar su selección musical, y en su lugar, ellos dependen de esta filosofía como su guía. Esto viene directamente de una segunda expresión o enseñanza que es popular en las iglesias contemporáneas: “Dios nos acepta tal como somos”.[14]

Si Dios nos acepta tal como somos, entonces se infiere que también aceptará mis preferencias en cuanto a estilo de adoración. Eso lleva a que la persona no acepte reprensiones o exhortaciones a considerar sus actitudes o pensamientos una vez se le confronta con la Palabra. Este tipo de pensamiento imita la actitud de tolerancia del mundo, el cual demanda que nadie puede juzgar el estilo de vida o conducta de los otros porque todos los estilos de vida son iguales y cada uno tiene el derecho de ser respetado en este sentido.

En este tipo de vida eclesial de aceptación, mostrar tolerancia por afecciones y comportamientos mundanos es más importante que ejercitar discernimiento bíblico. A una persona simplemente no se le permite cuestionar la preferencia personal del otro, y si lo hace, debe presentar un versículo bíblico específico que lo respalde. En esta atmosfera completamente tendenciosa, es fácil ver porque un tradicionalista siente temor de expresarse respecto a estilos musicales. Y es aparente porque los estilos propios de la música cristiana contemporánea han sido aceptados tan fácilmente por muchos sin discernir los efectos negativos.

La verdad es lo que el Señor estipula en Mateo 7:21: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos “. Pero que “Dios te acepta donde tú estás, sin importar qué”, es una gran mentira.

Esta falsa enseñanza ha abierto la puerta de las iglesias a los espíritus de inmoralidad, de división y de engaño. Por un lado, uno de los métodos favoritos de Satanás para comprometer es rebajar los estándares cristianos de modestia y convencernos a ser más abiertos en cuanto nuestra sexualidad. Cuando se trae música tipo rock (y todos sus primos musicales) al servicio de la iglesia, invitamos junto con él a un espíritu de inmoralidad con el cual esa música está inevitablemente asociada. Y a pesar de todos los esfuerzos de restringir esa bestia musical, los santos de Dios están siendo seducidos por los estilos de la música cristiana contemporánea, los cuales son capaces de corromper la moral de cualquier cristiano, sin importar cuan fuertes ellos piensan estar.[15]

El espíritu de división se puede resumir con la actitud típica del adherente al contemporanismo hacia cualquier que se oponga al uso de la música cristiana contemporánea en la iglesia. Dicen que se debe orar por aquellas pobres personas, esclavas de la tradición, que no entienden el corazón de la adoración. Esta actitud “condescendiente” lleva a un espíritu de división, porque muchos propulsores de este estilo musical piensan que Dios los ha llamado a impulsarlo dentro de las iglesias, y que cualquiera que muestre desacuerdo, entonces es etiquetado como fariseo legalista. Van más lejos al afirmar que quien resista debe ajustarse a los cambios y aceptar esta música, o irse a buscar otra iglesia. El resultado es personas y familias que son alejadas de sus iglesias de por vida, e incluso iglesias que se dividen en dos.[16]

El espíritu de engaño se manifiesta con la ramificación de pensamientos e ideas que surgen a partir del concepto de que “si Dios nos acepta como somos, entonces El acepta mi música”. Estos argumentos populares son usados por los simpatizantes y propulsores de la música cristiana contemporánea para introducirla en las iglesias y para justificar su uso continuo. Los argumentos podrán sonar perfectamente razonables y lógicos, y son fáciles para ser aceptados por muchos cristianos sin cuestionarlos, más por aquellos que ya están convencidos de que ejercer discernimiento acerca de la música significa emitir juicios condenatorios. Pero debajo de estos argumentos está el espíritu de engaño en operación que emboba nuestra habilidad para discernir la diferencia entre lo correcto y lo profano.[17]

ARGUMENTOS EN DEFENSA DE LA MÚSICA CRISTIANA CONTEMPORÁNEA DENTRO DE LAS IGLESIAS

Un primer argumento es que todo esto de la música es simplemente un asunto de preferencia y gusto personal. Puesto que Dios es un dios de diversidad y creatividad, después de todo El hizo diferente a cada persona, y le dio diferentes gustos en la música. Este es un poderoso y persuasivo argumento para aceptar la música cristiana contemporánea en la iglesia. Dios realmente se interesa por nuestros gustos y preferencias, pero ha dejado en Su Palabra claros principios para enseñarnos a evitar cualquier estilo o preferencia personal que pueda estar asociado con el mal (1 Tes. 5:22), y para confirmarnos que hay límites a nuestra libertad de usar nuestras preferencias personales (1Cor. 10:23). Y que se debe tener cuidado de que poner tales preferencias por encima de las necesidades del hermano (1Cor. 8:9,12).[18]

Un segundo argumento usado por los defensores de la música cristiana contemporánea es que la música es amoral; tal argumento es muy popular y fundacional para esta filosofía de música. Paradójicamente es también el argumento más débil para justificar el uso de cualquier estilo musical en la adoración y la alabanza, porque simplemente no hay apoyo bíblico para tal punto de vista, al menos que alguien crea que por el hecho de la Biblia no decir algo específico sobre la moralidad de la música, eso signifique que ésta sea amoral. El argumento implica que la música no debería ser juzgada por ser moral o inmoral porque no tiene sentido moral, y es incapaz de ser correcta o errada. Pero el problema es aquello con lo que está asociado el tipo de música que promueve este movimiento; la música popular por lo general se asocia con inmoralidad, promiscuidad, rebelión contra autoridades, etc., lo cual va en contra con los principios básicos de la santidad y la obediencia como norma de vida, y el testimonio público.[19]

Un tercer argumento reza que, si Dios creó la música, entonces todo estilo musical debe ser bueno inherentemente, lo cual está directamente relacionado con el argumento de la amoralidad de la música. Génesis afirma que Dios creó todas las cosas, y las llamó “buena” (1:4,10,12,14). El creó el sonido, así como los conceptos de melodía, armonía y ritmo; El creó el orden. Pero el hombre tomó esas creaciones para escribir canciones, y, como parte de su naturaleza caída, le imprimió esa característica de imperfección a tales canciones. Además, el registro bíblico es claro que en la primera mención de música en la Biblia se introduce al primer músico humano, Jubal (4:21), quien resultó ser un descendiente directo de Caín, el cual usó sus propias preferencias en la adoración, y fue pionero de toda una raza de hombres depravados y rebeldes, que precipitaron el juicio del diluvio. Por tanto, debido a la corrupción inherente en creaciones musicales, los creyentes debemos ser muy cuidadosos con los estilos que se quieran introducir como parte de la adoración y la alabanza.[20]

Un cuarto argumento esgrimido por los proponentes de la música cristiana contemporánea es que la Biblia enseña que podemos usar todas las cosas para alcanzar a las personas. Toman el ejemplo de Pablo en 1 Corintios 9:22 como apoyo a su aseveración. Cuando el engaño incluye versículos bíblicos como respaldo, suele ser muy poderoso dentro de la iglesia, y esto por la ignorancia de muchos creyentes sobre cómo estudiar la Biblia correctamente. Un estudio cuidadoso del contexto y las afirmaciones del apóstol en este pasaje mostrará que de ninguna manera él estaba aprobando el uso de cualquier medio controversial, carnal y mundano como instrumento para llevar el evangelio a los perdidos. El mismo apóstol que tanto enseñó e insistió sobre santidad de vida, no habría dado su consentimiento para el uso de todo tipo de estilo musical en la adoración y la alabanza.[21]

Un quinto y muy popular argumento para justiciar el uso de música contemporánea en la iglesia es alegar que tanto Martín Lutero como los hermanos Wesley usaron ese tipo de música para la adoración en sus tiempos. Pero un examen cuidadoso de la historia de la iglesia mostrará que tal practica era la rara excepción más bien que la regla en la música eclesiástica. Quienes usan este argumento, en verdad toman a Lutero y a los Wesley completamente fuera de sus contextos histórico y cultural, para poder fabricar apoyo a su posición. Ellos muy bien pudieron haber tomado tonadas populares para los himnos que compusieron, en tiempos cuando se luchaba contra la imposición por siglos de formas de cantos que impedía la participación de la feligresía. Pero tales tonadas, controversiales en sus tiempos, ya no lo son en los nuestros. Sin embargo, los estilos modernos SI son controversiales hoy, y deben mantenerse fuera la adoración y alabanza congregacional.[22]

Un último argumento usado para justificar el uso de música contemporánea en los servicios de la iglesia es insistir que estos estilos musicales son más fáciles para cantar por parte de la gente que el estilo de los himnos tradicionales. Alegan que estos estilos contemporáneos ayudan a las personas a participar e involucrarse en la adoración, y hace que los visitantes se sientan más cómodos en los cultos. Sin reparar necesariamente en la diferencia entre estilos musicales, el punto clave para atacar este argumento está en el propósito de la música dentro de la adoración congregacional, que no tiene como meta agradar a las personas o hacerles sentir agradables en los cultos, sino para agradar a Aquel que es el objeto de nuestra adoración, haciéndolo conforme a sus principios y mandatos, y no a los nuestros.[23]

Esta lista de argumentos a favor del uso de música contemporánea no es exhaustiva. Pero cada uno de estos argumentos parten, no de sólidos principios u ordenanzas contenidas en la Palabra de Dios, sino de los intentos humanos de querer justificar el uso de estilos musicales altamente comprometidos y asociados con costumbres y prácticas depravadas, que los hace inaceptables para ser usados en la adoración y la alabanza dirigida y ofrecida al Dios tres veces Santo.

CONCLUSIÓN

¿Qué hay de erróneo con la música cristiana contemporánea, y por cuáles razones no es aceptable a Dios? Si el nuevo estilo y sonido de esta música proviene de Dios, entonces: (1) ¿Por qué está causando tanta confusión y división entre cristianos? (2) ¿Por qué no es recibida por todas las iglesias fundamentales creyentes en la Biblia? (3) ¿Por qué es prontamente aceptada por el mundo no cristiano? Los impíos nunca aceptarían los viejo himnos cristianos. (4) ¿Por qué universidades que niegan la Biblia y programas populares seculares de entretenimiento por TV invitan reconocidos artistas cristianos para dar conciertos con música cristiana contemporáneo? (5) Por qué hay cientos de iglesias con pastores piadosos en todo Estados Unidos que estrictamente la rechazan y prohíben en sus servicios? (6) ¿Por qué esta música tiene tal fuerte efecto en el cuerpo físico (la música efectivamente lo tiene, e ignorarlo sería negligente)?[24]

Por todas estas razones y todo lo expuesto anteriormente, entiendo que las iglesias fundamentales y de sana doctrina deben tener sumo cuidado al momento de permitir que estilos de música que tienen fuertes connotaciones seculares y pecaminosas, comiencen a penetrar e introducirse para formar parte de la adoración y la alabanza congregacional. Nuestro Dios quiere y merece ser adorado en un diferente altar del que el mundo provee. Tal como hicieron Gedeón (Jueces 6:25,26) y luego Elías (1 Reyes 18:30-35), debemos practicar el principio escritural de destinar para la adoración divina un altar diferente que el usado y ofrecido por el mundo. Y esto concierne especialmente a la música que se vaya a usar; no usar música que provoque o apele a la carne, sino que mueva nuestro espíritu a la verdadera adoración.

Cuando una iglesia fundamental comienza a ceder terreno a la música contemporánea en sus programas musicales, es señal de un problema mayor: la predicación de la sana doctrina está decayendo. A medida que se avecina el retorno de nuestro Señor, la fe será menor, y el estilo de música que se prefiera revelará la condición del corazón del creyente. Mientras más las iglesias aflojan sus estándares y permite infiltraciones comprometedoras, se da por un hecho de que su música reflejará esa infiltración mundanal.

La música contemporánea es difícil de rechazar por muchas iglesias por el hecho de que apela bastante a la carne. Por ello es tan fácil traer muchas personas a la iglesia cuando se tiene el tipo equivocado de música. No se puede traerlos a la iglesia cuando se tiene música espiritual. Lo mundano atrae a la gente mundana; el triste problema es que incluso los regenerados preservan su vieja naturaleza que todavía disfruta cosas carnales, y los creyentes más espiritualmente enfocados están constantemente tentados por la lujuria de su propia carne. Es fácil encontrarse disfrutando de la música cristiana contemporánea.[25]

Finalmente, muchas iglesias fundamentales en R. D. con buenos líderes espirituales y sana posición doctrinal, usan música contemporánea en sus reuniones congregacionales, lo cual sigue siendo para mí una paradoja. Nuestra música debe expresar nuestra posición fundamental. Nuestra predicación y nuestra música deben tener el mismo objetivo. Hay muchos creyentes confundidos cuando desde el pulpito ellos oyen normas de la sana doctrina, pero escuchan algo diferente a partir de la música. Aunque nuestro contexto cultural y trasfondo musical es muy diferente al de los Estados Unidos, y creo que la influencia negativa de la música contemporánea en nuestras iglesias no es tan drástica como en las iglesias allí, entiendo que, como poseemos la misma naturaleza pecaminosa, los mismos peligros por el uso de estos estilos musicales acarrearán los mismos efectos de sensualidad, división y engaño a la larga.

NOTAS REFERENCIADAS

    1. ¡Regocijaos! La Música Cristiana en la Adoración, por Donald P. Hustad, Casa Bautista de Publicaciones, 1998, pág. 279.
    2. Ibid anterior, págs. 275 y 276.
    3. Ibid anterior, pág. 280.
    4. Apuntes de clase “Ministerio de Música y Alabanza “, impartido por hmno Joel Guzmán en Mayo-Junio 2017, en extensión del Southern Biblical School for Biblical Studies, en Santo Domingo, R.D.
    5. ¡Regocijaos! La Música Cristiana en la Adoración, por Donald P. Hustad, Casa Bautista de Publicaciones, 1998, pág. 291 y 292.
    6. Idib anterior, pág. 512.
    7. Ibid anterior, pág. 519.
    8. “The Battle for the Christian Music”, por Tim Fisher, 1992, Sacred Music Services, págs.16 y 17.
    9. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, pág. 17.
    10. Ibid anterior, pág. 17.
    11. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, pág. 120.
    12. “The Battle for the Christian Music”, por Tim Fisher, 1992, Sacred Music Services, pág. xii.
    13. Ibid anterior, pág. Xiii.
    14. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, pág. 37.
    15. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, pág. 42.
    16. Ibid anterior, pág. 43.
    17. Ibid anterior, pág. 44.
    18. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, pág. 79-87.
    19. Ibid anterior, pág. 88-91.
    20. Ibid anterior, pág. 92-94.
    21. Ibid anterior, pág. 99 y 100.
    22. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, pág. 106-110.
    23. Ibid anterior, pág. 111-115.
    24. “Is Today’s Cristian Music “Sacred”?”, por Gordon Sears, 1993, pág. 57.
    25. “How to Keep Contemporary Christian Music out of the Churches”, por David Cloud, pág. 1,2.

BIBLIOGRAFÍA

1. “¡Regocijaos! La Música Cristiana en la Adoración”, por Donald P. Hustad, Casa Bautista de Publicaciones, 1998, 7000 Alabama St., El Paso, TX 79904, EE. UU.

2. “Why I left the Contemporary Christian Music Movement”, por Dan Lucarini, 2002, Evangelical Press, EE. UU.

3. “The Battle for the Christian Music”, por Tim Fisher, 1992, Sacred Music Services, EE. UU.

4. “Is Today’s Cristian Music “Sacred”?”, por Gordon Sears, 1993, EE. UU.

5. “How to Keep Contemporary Christian Music out of the Churches”, por David Cloud, EE.UU.

6. Apuntes de clase “Ministerio de Música y Alabanza “, impartido por hmno Joel Guzmán en Mayo-Junio 2017, en extensión del Southern Biblical School for Biblical Studies, en Santo Domingo, R.D.

7. “Adorar, ¡La Máxima Prioridad!”, por John McArthur jr., 2013, Centro de Literatura Cristiana, Colombia.

SOBRE EL AUTOR DE ESTE ARTÍCULO

ANDRÉS A. FULCAR conoció al Señor hace más de 40 años. Está casado con Hulda Rivera por más de 30 años, con 3 hijos, una nuera y una nietecita. Fulcar es Ingeniero Civil de profesión, con grado de Maestría en Ingeniería de Estructuras. Es también Licenciado en Estudios Pastorales (NBBC), Licenciado en Teología (SBU), y porta una Maestría en Teología (SBS). Es además candidato a Doctor en Teología (SBS).

Andrés es miembro de Iglesia Bautista Cristiana de Santo Domingo por más de 22 años, donde sirve como diácono desde hace más de una década. Es también predicador y maestro de Biblia. Andrés es profesor del Southern Baptist School (SBS) y del Seminario Bautista Internacional (SBI). Ha publicado varios artículos teológicos profesionales. Es editor del renglón de bibliología para TM®.

¡Gloria a Dios por sus dones!

1 Comment

  • Freddy Salinas Posted abril 30, 2020 7:32 pm

    Excelente artículo, doy gracias a Dios por que aun hay siervos de Dios que se mantienen fieles a Dios en sus convicciones bíblicas y no cambian segun la moda o los estilos del mundo que son pasajeros.

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